Supongo que la mayoría de personas que nos dedicamos al deporte en todas sus aristas olvidamos la parte política que este asume día a día.

El pasado miércoles, el Club América, uno de los equipos más grandes e históricos del país emitió un comunicado explicando el porqué Renato Ibarra sí formaría parte de su plantilla para el torneo Apertura 2021. Un Renato Ibarra acusado de tentativa de feminicidio.

Y sí, regresó porque el jugador ya «cumplió con un curso sobre violencia de género» y porque al club se le acabaron las opciones.

Tal vez al futbol y al deporte en México se les olvidó asumir una postura que no es del todo política, sino más bien congruente y lógica.

Para recordar por qué el deporte sí es político y que no crean que mi ciego amor al Guadalajara es lo que habla hoy, tengo que traer del pasado al mítico Éric Cantona.

En 1995, la carrera del jugador que militaba entonces en el Manchester United quedó marcada, y no para mal.

Matthew Simmonds, un hincha del Crystal Palace arremetió contra el francés de forma xenófoba luego de que Cantona fuera expulsado en la segunda parte del duelo disputado el 25 de enero en el Old Trafford.

«Vuélvete a Francia con tu puta madre, bastardo», le gritó. Cantona se alzó y soltó una patada contra el aficionado que le costó nueve meses de suspensión y 120 horas de servicio social.

Años después le preguntaron sobre el suceso y aseguró que una de las mejores cosas que realizó en su carrera fue patear a un fascista.

Para remontarnos a otro hecho histórico, vayámonos a los Juegos Olímpicos de México en 1968, cuando los afroamericanos Tommie Smith y John Carlos ganaron la medalla de oro y bronce, respectivamente, en la carrera de 200 metros.

En el podio, al sonar el himno de Estados Unidos, los jóvenes levantaron el puño izquierdo con un guante negro mientras miraban al suelo: el saludo del «Black Power».

Un acto que puso en evidencia la discriminación racial y que abrió un debate en todo el mundo; incluso les valió el hostigamiento por parte del Comité Olímpico Internacional y amenazas de supremacistas blancos cuando volvieron a su país.

Ser contundente e idealista es una decisión diaria, sin importar las consecuencias.

Los ejemplos son muchos, pero para aterrizar, el deporte no solo es la actividad física, las medallas, los trofeos o el recurso.

Entre muchas cosas, el deporte es un escaparate que de alguna manera debe ser usado y todos creeríamos que para bien, ¿no?

El verdadero motivo por el que hoy Renato Ibarra continúa su vida con normalidad en la Primera División de México es porque aquí la única postura es la del «valemadre».

Porque no importa que el club que posee una de las mayores aficiones del país tenga a un personaje como él entre sus filas.

Porque para individuos como él nunca habrá consecuencias y ese es el ejemplo más claro.

El deporte sí es político y ahí sabrá cada quien que postura asumir.

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