En su Poética, Aristóteles define a los héroes de la tragedia como personajes que provocan en el espectador un sentimiento de pena o temor.

Están ligados, al igual que los dioses, a un destino irreversible. El hado siempre se cumple y, aunque el héroe lucha, al final todo su esfuerzo lo enfrenta al phatos de su encuentro con el destino.

La Euro y la Copa América han terminado y ganaron los de siempre; el futbol es una tragedia constante, donde usualmente el equipo pequeño va al juego sabiendo que las posibilidades son nulas.

Por eso quiero hablar de Dinamarca, que llegó hasta las semifinales después de casi perder a su estrella, Christian Eriksen, por un paro cardiaco en pleno juego.

Dinamarca jugó contra Inglaterra como Héctor ante Aquiles en las murallas de Troya.

Los ingleses tenían todo a su favor: localía, mejor futbol, estrellas, partidos sin perder y sin recibir gol, eran como el héroe semidios

¿Qué argumentos podían frenar a la máquina inglesa?

En ese partido los daneses tenían dos opciones: echarse para atrás y aguantar el marcador lo más posible, o, como los grandes héroes trágicos, ir hacia adelante y jugar al tú por tú para vender cara la derrota o, con fortuna y ayuda de los dioses del estadio, quizá ganar el partido.

Quienes son héroes en la cancha, al igual que sus símiles homéricos, no se dejan conquistar por el miedo; saben que la derrota es la muerte segura y aun así caminan hacia su destino.

Aunque Dinamarca comenzó el partido ganando con un golazo de Dasmgaard, los hados tenían un final ya dictado: nueve minutos duró el júbilo vikingo cuando un autogol de Kjaer empató el juego.

Durante 65 minutos más, los daneses se mantuvieron en pie, rompieron lanzas como Héctor contra Aquiles y, casi como en La Ilíada, ocurrió la intervención divina.

La única forma posible de quebrar al “débil” fue con el favor de una fuerza superior, el árbitro, quien dio a los ingleses un penal inexistente.

Esa fue la consumación del hado. El poderoso triunfaba una vez más, aunque su logro no fuera del todo limpio.

Sí, Dinamarca perdió, pero, como los héroes trágicos, se enfrentó a su destino sin temor, y este deporte es tan hermosamente imperfecto y tan generoso, que en ocasiones da a los vencidos más gloria que a los vencedores.


daniel.medina@zonafan.mx

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